2017-07-Marta-en-EgiptoMarta es socia de la asociación guipuzcoana GENE, miembro de Federación ASEM. Le encanta viajar y el año pasado pudo cumplir un sueño compartido con su hermana y su marido: visitar juntas Egipto,  conocer sus los maravillosos templos, y por supuesto, visitar las pirámides.

 

- Cuéntanos Marta, ¿qué te llevo a decidir Egipto como destino turístico?

Ir juntas a Egipto era un sueño de infancia de mi hermana. Ella siempre me decía que algún día me llevaría a conocer ese exótico país, pues a mí me encantaban las antiguas civilizaciones y todo lo relacionado con la cultura egipcia. Así fue que en octubre del año pasado, coincidiendo con el 25 aniversario de mi boda, mi familia nos regaló este maravilloso viaje. Y así, pudimos cumplir nuestro sueño, haciendo que mi hermana, mi marido y yo nos lanzáramos a la aventura de conocer Egipto, todo un reto para alguien como yo que convive con Distrofia Muscular de Cinturas y es considerada como gran dependiente.

 - ¿Cómo fueron los diferentes vuelos? ¿Cómo valoras el viaje en avión, y los viajes internos por Egipto?

El viaje en avión fue bien y sin contratiempos, eso sí, las personas con nuestro grado de discapacidad  tenemos que estar preparadas para la sensación de, como yo lo llamo, “saco de patatas” que se tiene cuando te suben y bajan de la cabina. Por lo demás todo fue bastante bien, y eso que llevábamos una grúa de transferencia como equipaje a facturar que era enorme, pero no hubo ningún problema. Tanto el trayecto internacional, como los vuelos internos dentro de Egipto habían sido reservados por la agencia de viajes privada con quienes contratamos el viaje, Viajes Easo, ellos lo habían cuadrado todo para que en cada vuelo contáramos con las ayudas de accesibilidad pertinentes. La verdad es que la agencia hizo muy buen trabajo, pues no nos tuvimos que preocupar de hacer nosotros estas gestiones.

 - Otra parte fundamental del viaje fue navegar por el Nilo ¿cómo fueron estos viajes en crucero y en barca?

El crucero fluvial era fantásico, muy bien equipado pero no tenía ascensor. Aún así esto no supuso ningún problema pues contábamos con la ayuda del personal del barco para subir y bajar y también me acompañaban a las excursiones. También hicimos varios trayectos en faluca, unas barcas pesqueras pequeñas con las que llegábamos a lugares como Nubia y otros sitios más recónditos.


"Los de mi grupo me llamaban ‘La Faraona’ por aquello de subir como en un trono las
escaleras de los templos que visitábamos”

En general es un país donde, como suele suceder en países más pobres, no hay muy buenas condiciones de accesibilidad. Pero eso sí, el sentido de humanidad, y solidaridad de sus gentes lo compensa totalmente, pues pudimos llegar a todos los lugares que quisimos visitar gracias a la hospitalidad y amabilidad que allí se respiraba.

El grupo con el que íbamos eran muy majos y mira que eran todos desconocidos. Pero fueron siempre muy pacientes con nuestros ritmos, y me hicieron sentir totalmente integrada. Me llamaban “La Faraona” por aquello de subirme como en un trono las escaleras de los templos o cuando me subían y me bajaban del barco, o las escaleras que encontrábamos en muchas de las visitas a Templos y Pirámides. Lo pasamos realmente bien y tengo muy buenos recuerdos de lo vivido.

 

2017-07-Marta-en-Egipto-2

Nos ha tocado vivir con una enfermedad muy dura, por eso, hay que intentar disfrutar al máximo cada momento.”

- ¿Y en la capital? ¿Cómo fueron las cosas en El Cairo?

La verdad es que fue toda una aventura, con el añadido de moverse en silla de ruedas, pero me sentía como en un cuento de hadas, era un sueño hecho realidad. Nunca había estado en un país musulmán y realmente lo recuerdo todo como en un cuento. El ambiente, las calles, sus gentes, las mezquitas... Recuerdo que me encantaba oír la llamada a la oración que hacen los almuédanos desde el alminar, son escenas absolutamente evocadoras.

El hotel de El Cairo era muy bonito y estaba totalmente adaptado. Además si te surgía una necesidad el personal del hotel la resolvía con muy buena disposición y un gran sentido de cooperación. Recuerdo que tuvimos un problema al llegar pues la cama no tenía espacio por debajo para poder meter las patas de la grúa de transferencia. Lo avisamos al personal del hotel y rápidamente lo solucionaron poniendo unas alzas en las cuatro esquinas de la cama y creando así el espacio necesario para las patas de la grúa. Realmente resolutivos y con un sentido de la amabilidad digna de destacar.

- ¿Le recomendarías a otras personas en tu misma situación que viajen?

A mí me gusta mucho viajar. He ido con viajes preparados para personas con discapacidad de PREDIF y de COCEMFE, y también con ELKARTU. Además he hecho viajes con mi familia a cruceros y otros destinos, y la verdad es que con ganas se llega a donde quieras. Yo tengo una distrofia muscular de cinturas y soy totalmente dependiente, aún así me encanta viajar y pienso que estas enfermedades no deben frenarte, pues se aprende mucho de las experiencias en los viajes.

 -  Cuentanos alguna anécdota, alguna historia divertida que recuerdes..

Fue una experiencia conmovedora, encontrar a alguien como yo en un lugar tan absolutamente inaccesible y perdido como aquél. Toda una lección para nosotros los occidentales que acostumbramos a vivir con cierto nivel de comodidades. Esta isla era natural y salvaje, ni siquiera las calles estaban asfaltadas, eran caminos de tierra. Y allí vivía este hombre con distrofia, en un lugar donde ni siquiera había cemento o asfalto.

Nos contó que había conseguido una silla de ruedas eléctrica a través de una ONG.

Tengo una historia bastante impactante que ocurrió en una excursión al poblado Nubio, un lugar totalmente aislado y muy inaccesible donde llegábamos navegando en falucas, los barquitos de pescadores que te comentaba antes. Pues bien, estando en una de estas remotas islas perdidas en el Nilo, nos encontramos con un lugareño de más o menos mi edad que iba en silla de ruedas y curiosamente tenía una distrofia muscular.

 - ¿Con qué mensaje te gustaría despedir esta entrevista?

Nos ha tocado vivir con una enfermedad dura pues son degenerativas y su evolución no para. Lo que hacías ayer ya no lo puedes hacer hoy y lo que haces hoy no sabemos si lo seguirás haciendo mañana.

Por eso, es importante vivir cada momento y disfrutar de lo que se tiene, ya sea en tu barrio o ciudad, o si puedes de viaje, cerca o lejos. No importa la distancia, lo verdaderamente importante es disfrutarlo. Pues los viajes te cambian el chip y te hacen ver otras cosas, a veces peores, a veces mejores, pero que siempre te aportan y gratifican.

"Estando perdidos en una isla en la región de Nubia, en medio del Nilo,
conocí a un hombre con distrofia muscular como yo, ¡increíble!”

 

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