Los niños tienen derecho a tener una vida plena y digna

Diego escribía la “O” del nombre en la punta de la hoja. Creció cuando Ainhoa le decía a Diego que no sabia hacer nada. Creció cuando los dibujos de la hoja salían de la hoja y se estiraban por la mesa. Creció en el patio del recreo, en todos los recreos, cuando Diego paseaba solo por el patio ajeno a todo y a todos.

Cuando llegaba a su casa, Noara se acurrucaba en el sofá con Lorena, conectaba el Canal Panda y empezaba a soñar .La madre sospechaba que no eran los dibujos animados que bailaban en los ojos de Noara y le preguntó:

- ¿Te encuentras bien, cariño?
-Si mamá,- ella le contesto sin apartar los ojos de las imágenes imaginadas.

Un día, el “si mamá” fue acompañado por dos lágrimas rebeldes. La mama dejó llorar a Noara,
acariciándole el pelo y le susurro palabras de cariño. Con las lagrimas le salieron las palabras, aquellas palabras que se fueron formando con el crecimiento de sus sueños: que Diego fuera igual a todos los demás chicos, que la “O” de su nombre se acercara a la letra “g”, que sus dibujos se quedaran más bonitos y coloridos dentro de su cuaderno, que en el patio no hubiera más paseos solitarios..

La mamá le explicó a Noara que Diego era un niño “especial”, distinto, tan diferente como lo son
todos los niños y las niñas, porque cada niño(a) es único(a). Único en su crecimiento y en sus sentimientos, único en su aprendizaje, único en el corazón de los demás…..Noara entendió y, enjugándose las lágrimas, le dijo:

-Ya sabes mamá, me gustaría que Diego tuviese un hermoso cuaderno, así como el mío.
El es muy aficionado a mi cuaderno, siempre que lo recoge, acaricia sus hojas. A veces dicen que el cuaderno de Diego no está bien y yo sé porque, Diego no se ajusta en el interior del cuaderno.

La madre le sonrío y la abrazó, lanzando la propuesta de hacer dos grandes cuadernos:
uno para ella, otro para Diego. A Diego le encantaban los animales y la tapa de su cuaderno sería un océano de peces y delfines, tortugas y corales, una sabana donde los leones persiguen a las cebras, una montaña donde las águilas hacen sus nidos, una llanura donde las mariposas vuelan alrededor de las espigas de trigo.

Noara también ama los animales, pero su libro es diferente. Es rosado como los sueños, amarillo como el sol y tiene a Polly y sus amigos, un castillo y muchas hadas. Ahora, en el patio, sentados en el suelo, tocan las tapas de sus cuadernos. Noara abre las puertas de su castillo encantado, coge la mano de Diego y, juntos corren por los jardines y vuelan en las alas de las mariposas.

Artículo de opinión por Marcelino Guillermo Fernández Garcia.

Revista de ASEM nº 67 (mayo 2012)

 

 

 

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